sábado, 27 de septiembre de 2008

Que nadie hable de Zapata


Estudioso, como era, de la historia de México, Gabriel del Río sentía una especial pasión por el capítulo de la Revolución Mexicana.
De entre sus personajes, Emiliano Zapata siempre fue el favorito y de ahí que exista una clara presencia del caudillo en su obra poética.
En el caso de Que nadie hable de Zapata, se trata de un poema cuyo ritmo y lenguaje recuerda mucho a los términos coloquiales que se empleaban en los ya célebres corridos mexicanos de la época.


Que nadie hable de Zapata


Gabriel del Río Ortiz


Los trigales tienen hambre,
los maizales tienen sed,
porque Zapata se fue;
pero los nardos lo saben:
él no se fue por su pie

Bajo una lluvia de plomo
se prendió en su pecho el rojo
y el verde en su oscura tez.

El pueblo se lo decía:
"No, Calpuleque, no vayas;
Guajardo de te va a matar
y en la noche de tus ojos
los rosales llorarán".

"Milano, no te confíes;
no dejes de cabalgar;
de una nube a otra sigue,
hasta tu sueño alcanzar.

Los cascos de tu caballo
ya nunca descansarán;
por ensagrentadas piedras
tu simiente buscarán.

Por los campos de Morelos
los ancianos y los niños
soñaron que regresó.

¿Dónde está quién lo soñó?
¡Que lo lleven a la cárcel
y para él no haya perdón!

Que nadie hable de Zapata
si no es un buen orador
que pueda hacer demagogia
con una revolución
que no revolucionó;
que nadie trate de ver
en los ojos de carbón
del Calpuleque caído
una luz de redención.


Compadre, cierre la boca;
no diga que no comió.

Cerró la boca el compadre
y así la mosca no entró

¡Viva Emiliano Zapata
con sus espuelas de plata!


Que se diga en la tribuna
del partido institución;
pero que a nadie se ocurra
revivir la rebelión;
que a nadie le quepa duda:
el cumplió con su misión,
aunque se obligue al labriego
a una abyecta sumisión.


Dicen las flores del campo:
"¡Zapata resucitó!".

Compadre, cierre la boca,
no diga que no comió,
si no quiere ir con sus huesos
a la cárcel... o al panteón.

No hay comentarios: